Cartas de Brenda
Un lugar donde hablamos de maquillaje, pero también de todo aquello que nos ayuda a volver a nosotras mismas.
Siempre me ha gustado escribir. Me ordena los pensamientos y me ayuda a despejarme cuando estoy abrumada. A veces empiezo a escribir sin tener muy claro qué me pasa y, cuando termino, encuentro respuestas que ni siquiera sabía que estaba buscando.
Cuando era pequeña no solo tenía un diario. También les escribía cartas a mis amigas y, cuando me iba de vacaciones con mis padres, siempre compraba postales de los lugares que visitábamos para enviárselas a mi familia. Me encantaba sentarme a escribirlas. Supongo que, de alguna manera, siempre he necesitado contar las cosas para entenderlas.

Con el tiempo nunca perdí esa costumbre y por eso nació este blog. Porque necesito un lugar donde compartir todo aquello que voy aprendiendo, no solo sobre maquillaje, sino también sobre la vida.
Hay personas que piensan que me dedico a maquillar. Y sí, llevo veinte años haciéndolo. Pero hace ya algún tiempo que me di cuenta de que nunca ha sido solo eso.
Arreglarme cada mañana nunca fue un gesto superficial. Era una forma de decirme: «Esta soy yo. Aquí sigo.»
Desde muy joven me fascinó el mundo de la belleza. Crecí rodeada de revistas Vogue y Elle, pasaba horas mirándolas e imaginando cómo sería trabajar algún día en algo relacionado con ese universo. Sin darme cuenta, mientras aprendía a maquillar, también estaba construyendo mi identidad. No era solo aprender una profesión. Era descubrir quién era yo.
Después llegaron momentos muy duros. Mi madre murió cuando yo era muy joven y, precisamente en esa época, estaba estudiando maquillaje. Mirando atrás, creo que aquella profesión me sostuvo más de lo que yo era capaz de ver entonces. Necesitaba un motivo para levantarme cada mañana y seguir adelante, y el maquillaje se convirtió en uno de ellos.
Con los años construí la vida que siempre había soñado. Me enamoré, fui madre, me casé y, después, cumplí otro de mis grandes sueños: abrir mi propio estudio de maquillaje. Sentía que, a los cuarenta años, había conseguido construir la vida que aquella chica que pasaba horas hojeando revistas Vogue y Elle imaginaba cuando era adolescente.

Pero la vida vuelve a mover las piezas cuando menos te lo esperas. Llegó un divorcio, una pandemia, las dificultades económicas, la ansiedad y esa sensación de tener que empezar de nuevo cuando pensabas que ya habías llegado. Después murió mi abuela, cerré mi estudio y me replanteé si esos sueños que cumplí eran realmente míos o era lo que se esperaba de mí, mientras seguía adelante con mi vida.
Y, sin embargo, hubo algo que nunca dejé de hacer. Seguí maquillando. Pero, sobre todo, seguí cuidándome. Ducharme. Cuidar mi piel. Peinarme. Arreglarme. Maquillarme. No porque tuviera que demostrarle nada a nadie ni porque pensara que una mujer tiene que ir siempre perfecta. Lo hacía porque esos pequeños gestos me ayudaban a no perderme. Me recordaban quién era cuando todo lo demás parecía tambalearse. Y porque me hacían sentirme mejor.
Con el tiempo entendí que cuidarme nunca fue una cuestión de estética. Era una forma de sostenerme. De construir mi identidad. De recordarme que seguía siendo Brenda, incluso cuando sentía que mi vida se estaba desmoronando.
Y quizá por eso llevo veinte años acompañando a otras mujeres. Porque sé que, muchas veces, el problema no es que no sepan maquillarse. El problema es que hace tanto tiempo que se han puesto las últimas de la lista que han dejado de reconocerse cuando se miran al espejo. Porque cuando estás desbordada, todo te da pereza. Y por eso creé Glow Reset, no como un curso de automaquillaje, sino como una forma sencilla de dar los primeros pasos cuando sientes que ya no sabes por dónde empezar, para compartir con vosotras lo que yo hago me funciona, para poder ayudaros.

Yo tampoco tengo todas las respuestas. Sigo reconstruyendo mi vida, como muchas de vosotras. Pero si hay algo que he aprendido es que volver a una misma casi siempre empieza por un gesto muy pequeño. A veces es una ducha tranquila. Otras veces es una crema hidratante, un pintalabios o diez minutos delante del espejo. No porque eso solucione los problemas, sino porque te recuerda que tú también importas.
Y creo que de eso quiero hablar a partir de ahora. De maquillaje, por supuesto, porque sigue siendo mi profesión y la adoro. Pero también de identidad, de belleza, de reinvención, de maternidad, de perimenopausia, de divorcio, de emprendimiento y de todas esas etapas en las que una mujer siente que tiene que volver a encontrarse.
💛 Cuéntame tu historia
Si has llegado hasta aquí, gracias por dedicarme estos minutos. Me encantaría conocerte y saber en qué momento de tu vida estás.
He preparado una guía gratuita para las mujeres que sienten que se han ido dejando para el final y quieren volver a cuidarse, paso a paso y sin exigencias.
Solo tienes que rellenar el formulario que encontrarás aquí debajo con la palabra «GUÍA» y contarme, en dos o tres líneas, qué está pasando en tu vida ahora mismo.
¿Estás atravesando un divorcio? ¿La perimenopausia? ¿Has sido madre y sientes que te has olvidado de ti? ¿Simplemente necesitas volver a mirarte con cariño?
Leo personalmente todos los mensajes y te enviaré la guía. Porque creo que cada historia merece ser escuchada.
Un abrazo,
Brenda


